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Tuesday, April 20, 2010

PROBLEMAS MATRIMONIALES (AYUDAS Y MAS)

PASTOR.JC
CENTRO CRISTIANO NUEVA VIDA


Cuando dos vidas se unen en una relación íntima y a largo plazo, es forzoso que se represente algún problema ocasional. Muchas parejas se casan sin estar preparadas para ello. A veces, carecen de suficiente madurez emocional, estabilidad o flexibilidad – que se requieren en cualquier unión para que pueda tener éxito.



¿Cuáles son los componentes de un buen matrimonio?
*Respeto mutuo
.




Respeto significa que cada quien acepta a su cónyuge tal y como es, sin tratar de manipularlo, y esforzándose en darle lo que necesite, sin egoísmos, para que se convierta en la persona que Dios desea que sea. El respeto distingue entre lo ideal y lo real, y no exige demasiado. “Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”


(Efesios 5:33).



*Verdadera entrega.
Los votos matrimoniales dicen: Abandonando a todos los demás”. Las Escrituras indican: “Por esto el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne” (Mateo 19:5). El tiempo y la experiencia en el matrimonio revelan que el ser “una carne” no implica un abandono de la personalidad o los derechos individuales. En lugar de ello, es una satisfacción.



*Buena comunicación.
Para poder comunicarse, debe haber comprensión de las diferencias emocionales, mentales y físicas entre los hombres y las mujeres. Es preciso que haya compañerismo. “Preferiría estar con mi cónyuge que con cualquier otra persona”. Deberá haber conversación, no sólo una discusión de las diferencias cuando se presenten, sino un intercambio significativo al nivel intelectual y emocional.



*Tiempo y esfuerzo.
Al amor se le debe dar oportunidad de madurar. El clima para esto se establece en la palabra de Dios. Cuando las cosas se hacen difíciles, una pareja no “se desmorona”; sino que permanece unida y resuelve los problemas. Los cónyuges no se consideran como víctimas de un “Mal negocio”, sino como “Coherederos juntos de la gracia de la vida” (1 Pedro 3:7). “Cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido”


(Efesios 5:33).



Los problemas y las diferencias se resuelven por medio del perdón. “Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo” (Efesios 4:32).



Cliff Barrows les da con frecuencia un mensaje a las parejas casadas, con el título de “Diez palabras que salvaguardan el matrimonio”. Son: Estaba equivocado. Lo siento mucho. Perdóname, por favor.


Te amo.
Esta misma fórmula servirá también para la salvaguarda de la vida espiritual propia. Las parejas deben aprender a limar las asperezas en cuanto se presenten y a hacer borrón y cuenta nueva cada día. Véase Efesios 4:26.



*Unidad espiritual.
El comprender la dimensión espiritual del matrimonio tiene implicaciones profundas. Pablo comparó el matrimonio –la unión del marido con su mujer- a la relación eterna entre Cristo y la Iglesia. (Véase Efesios 5:22-33)



Nota: Billy Graham escribió: “El matrimonio perfecto es la unión de tres personas: un hombre, una mujer y Dios. Esto es lo que hace que el matrimonio sea santo. La fe en Cristo es el más importante de todos los principios en la edificación de un buen matrimonio y un hogar feliz”.
Estrategia de asesoramiento:



1. Denle ánimo y respaldo a su interlocutor. Escuchen atentamente y esforzándose en comprender. No emitan juicios. Sean imparciales. A veces, el interlocutor está en el error.



2. Traten de descubrir razones para los desacuerdos y los problemas. En caso necesario, hagan preguntas ¿Considera el interlocutor que tiene responsabilidad por algún desarrollo negativo?
Pregúntenle a esa persona cómo calificaría su unión a la luz de “lo que constituye un buen matrimonio”. ¿Qué deficiencias ha tenido? ¿Qué se puede hacer para mejorar la relación? Con humildad, esa persona podría pedir perdón por casos de falta de sensibilidad, heridas y ofensas. Es posible que esto requiera tiempo; pero vale la pena hacer el esfuerzo.



3. Pregúntenle si Dios entró alguna vez a su vida y su matrimonio. Compartan con su interlocutor las “Cuatro leyes espirituales”.



4. ¿Qué deberá hacer a continuación el individuo? Explíquenle lo que sigue:
A. Leer y estudiar la Palabra de Dios, y aplicar sus enseñanzas a su propia vida y su matrimonio.
B. Aprender a orar diariamente, orar el uno por el otro y por los problemas existentes o potenciales. “Echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros” (1 Pedro 5:7). Las actitudes mejoradas conducen a una mayor sensibilidad para las necesidades del cónyuge, lo que genera mejores relaciones. Este es uno de los valores de la lectura y el estudio de la Biblia: nos ayudará a anticiparnos a los problemas, al volvernos más sensibles desde el punto de vista espiritual.
C. Unirse con el cónyuge y la familia a una iglesia en la que se enseñe la Biblia. La participación activa en una iglesia dinámica puede crear una verdadera revolución en el matrimonio y la familia. Se pueden encontrar recursos y respaldo espiritual en la comunión con cristianos consagrados y al pedir consejos a un pastor entregado al servicio del Señor.
D. En caso de que se necesiten consejos adicionales, y eso es algo que sucede con frecuencia en los matrimonios que tienen dificultades, se puede obtener ayuda por medio del pastor, un psicólogo o consejero matrimonial cristiano.
Si el interlocutor es cristiano, anímenle para que obtenga el asesoramiento serio del pastor competente o un servicio cristiano de consejeros matrimoniales. Con frecuencia, ambos cónyuges tienen que hacer muchas concesiones y ajuste, lo que requiere sesiones profesionales prolongadas. Lo verdaderamente importante es que los dos afronten sinceramente su situación en vista de la palabra de Dios. Un buen lugar para comenzar puede ser la aplicación de la fórmula de Cliff Barrows .
Citas Bíblicas:
“Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien, con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús” (Filipenses 2:3-5)
“El marido cumpla con la mujer el deber conyugal, y asimismo la mujer con el marido. La mujer no tiene potestad sobre su propio cuerpo, sino el marido; ni tampoco tiene el marido potestad sobre su propio cuerpo, sino la mujer” (1 Corintios 7:3-4)
“Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo” (1 Pedro 3:7)
Efesios 5:22-23

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